A través de la presente, las y los estudiantes y académicas/os que conformamos el Núcleo de Investigación en Historia Social Popular y Autoeducación Popular de la Universidad de Chile, queremos manifestar nuestro profundo rechazo a las declaraciones emitidas en diversos medios de prensa por el profesor Gabriel Salazar y por la profesora María Eugenia Horvitz en torno a casos de abusos de poder y agresiones machistas protagonizados por profesores de nuestro Departamento en contra de estudiantes de la carrera de Historia1. Creemos que estos dichos son inaceptables, pues tienden a invisibilizar prácticas patriarcales y autoritarias presentes en nuestra Facultad y operan como una velada defensa y protección a los agresores. Además, sostenemos que reducir las denuncias de acoso a las actitudes de las víctimas, desconoce y/o minimiza el trabajo de las compañeras/os, funcionarias/os y académicas/os organizadas/os contra este tipo de comportamientos, en espacios como la Sesegen CEFH, el Comité de Ética Estudiantil y el Comité de Ética Triestamental, que han sido capaces de movilizar a la comunidad universitaria y presionar a la institución para evitar la impunidad de los agresores. Como estudiantes y académicos/as de esta Facultad, solidarizamos con las compañeras afectadas por estos casos, y con quienes se han sentido violentadas/os por estas declaraciones.

Por todo lo anterior, como Núcleo hemos decidido dirigirle esta carta -profesor Salazar- con el propósito de abrir un espacio de diálogo, en tanto compañeros y compañeras que nos situamos desde la Historia Social Popular para comprender la sociedad y pensar su transformación, para debatir algunas implicancias de sus dichos, así como sus proyecciones en relación al desarrollo de la Historia Social Popular y la Autoeducación Popular.

Consideramos que las dificultades por las que atraviesa el Departamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanidades, se basa en la existencia de relaciones de poder abusivas, incubadas por décadas y vividas cotidianamente, que perjudican la formación de una comunidad académica democrática. Una de sus expresiones ha sido la violencia machista que nos ha llevado a tener a un académico sumariado y expulsado (Fernando Ramírez, quien además se desempeñó como delator de las actividades políticas de sus compañeros en la U. de Chile durante la Dictadura Cívico-Militar2), otro renunciado antes de que apareciera la resolución de su sumario (Leonardo León) y un tercero sumariado y aún sin resolución (Sergio Carrasco), además de otras denuncias recogidas por las y los estudiantes hacia otros académicos, que no se constituyeron en sumarios. Es en ese contexto en el que deben insertarse los repudiables comentarios de la profesora María Eugenia Horvitz y los suyos que, intentando centrarse en definir criterios de sanción, volvieron a poner en tela de juicio el testimonio de las víctimas y terminaron avalando la cultura de violencia machista.

Además, es importante comprender que los casos de acoso se enmarcan en una realidad aún más compleja, en que las relaciones de poder no sólo se expresan en términos de género, sino también de clase y de generación: prácticas como la delación, el encubrimiento, el acoso sexual, la precarización laboral o la mercantilización del conocimiento no son fenómenos aislados, sino que están estrechamente vinculados entre sí, al ser expresiones de autoritarismo y machismo en diversos ámbitos, por lo que creemos que es urgente enfrentarlos.

Como Núcleo de Historia Social Popular y Autoeducación Popular reconocemos que estas problemáticas están interrelacionadas y que se requiere una reflexión profunda y una práctica coherente para avanzar hacia su transformación. En ese sentido, creemos que es importante velar por la comunicación y congruencia entre el desarrollo de la historiografía popular y las relaciones humanas que construimos en todos los espacios sociales en los que nos desenvolvemos. Por ello nos llaman la atención sus dichos a la prensa, y la cobertura que han tenido, ya que nos parecen totalmente contradictorios con el trabajo historiográfico, de educación popular y de vínculo con organizaciones sociales que ha venido desarrollando en las últimas décadas. Trabajo que, precisamente, colaboró en el reconocimiento de las mujeres como sujeto histórico (y, en particular, de las mujeres populares)3 y que se opacan con las declaraciones por usted emitidas estos últimos días. Como usted mismo señaló hace veinticinco años, “(las mujeres) saben que su fuerza vital y su independencia no han muerto (…) Ustedes lo saben y recuerdan. La dirección y desarrollo histórico de ese capital y esa autonomía pertenecen más a la decisión de ustedes mismas sobre su futuro, que a los afanes profesionales y solidarios de un historiador sobre el pasado”4. Hoy en día, la Historia Social Popular está llamada a profundizar justamente esta posición epistemológica, ética y política, pues del mismo modo que los historiadores e historiadoras sociales han contribuido a comprender la acción histórica de las mujeres y su papel en la conformación del movimiento popular -en el pasado-, debemos ser capaces de problematizar las prácticas que subyacen a la producción y socialización del conocimiento histórico -en el presente-.

El debate abierto producto de sus declaraciones representa una oportunidad para quienes cultivamos la Historia Social Popular no sólo de cuestionarnos nuestras prácticas cotidianas, sino también de preguntarnos por las limitaciones actuales de nuestras reflexiones y producciones historiográficas, y al mismo tiempo, es un llamado de atención a estar alertas a las muestras de machismo que vienen desde nuestros propios compañeros. De igual manera, nos plantea la necesidad de discutir y profundizar en torno al objetivo de nuestras prácticas como historiadores e historiadoras. Y, si dicho objetivo es el de servir a nuestro pueblo, debemos también reflexionar sobre cómo podemos aportar a aquellas que viven una doble explotación, las mujeres. En este sentido, como Núcleo creemos que la disciplina que queremos construir es aquella en la que todos/as los/as oprimidos/as puedan reconocerse y expresarse y, para ello, es clave desarrollar una Historia Social Popular que sepa recoger los aportes y los llamados de atención de una sociedad en movimiento, que lucha no sólo contra el capitalismo, sino también contra el racismo, el colonialismo y el patriarcado, para poder contribuir de mejor forma a dichas luchas. Es importante enfatizar que la construcción de un proyecto histórico popular hoy tiene como uno de sus elementos centrales las luchas feministas, que cuestionan el patriarcado como construcción social y que, por lo tanto, no sólo abarcan a las mujeres, sino a todos los oprimidos y oprimidas por el sistema capitalista, y es vital visibilizarlas, valorarlas y comprometernos con ellas.

Por último, como Núcleo aprovechamos esta carta para manifestar nuestro rechazo al reportaje de Camila Ossandón y José Tomás Tenorio publicado en “El Mostrador” y reproducido por otros medios digitales, pues además de recurrir a prácticas periodísticas cuestionables, como publicar declaraciones hechas off the record y utilizar otras tergiversadamente, tienden a levantar una caricatura desactualizada respecto a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, olvidando que la naturalización del machismo, la cultura patriarcal y las dificultades vividas por las mujeres en el mundo académico trascienden ampliamente los márgenes de esta institución. Creemos que es fundamental asumir este debate de manera crítica para lograr generar transformaciones profundas en la manera en que nos relacionamos y en nuestra cultura académica, sin hacer un aprovechamiento burdo de las luchas de organizaciones e individualidades contra las diversas formas de opresión social.

Profesor Salazar, esperamos, por la cercanía disciplinar que nos vincula, que todo el debate que se ha generado estos últimos días le permita reflexionar sobre sus dichos y enmendar el camino; que el Departamento en su conjunto asuma los necesarios avances que se requieren en lo que a igualdad y democracia se refiere; y que la misma energía puesta en comentar los abusos de poder se transforme en voluntades concretas para hacer de esta una comunidad académica orientada a contribuir al desarrollo de las comunidades locales, las luchas sociales y la construcción de un horizonte de humanización. Como organización, nos ponemos al servicio de ese fin.

Núcleo de Historia Social Popular y Autoeducación Popular

Universidad de Chile

Santiago, enero de 2017

FIRMAN:

Diego Aillapan Callejas

Stephanie Alvear Jara

Pablo Artaza Barrios

Consuelo Cáceres Aedo

Nicky Cerón Blau

Daniel Fauré Polloni

Gabriela González González

Natalia Guíñez Badilla

Rodrigo Hidalgo Arriagada

Mónica Iglesias Vázquez

Marco Lagos Catalán

Esteban Miranda Chávez

Antonia Ocampo Inzunza

Miguel Poch Plá

Diego Quintana Román

Gabriela Ramírez Venegas

Matías Rodríguez Sapiain

Bruno Rojas Soto

Camila Silva Salinas

Francisca Silva Sarmiento

Francisco Vallejos Saldías

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1 Ver: Ossandón, C. y Tenorio, J.: “Sexo, mentiras y denuncias: la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y los casos de acoso y abusos”. Disponible en: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/12/27/sexo-mentiras-y-denuncias-la-facultad-de-filosofia-y-humanidades-de-la-universidad-de-chile-y-los-casos-de-acoso-y-abusos/ y Pino, Patricio: “Las mujeres aprovecharon de lanzar un discurso antiimachista por todas partes” (Entrevista a Gabriel Salazar). Publicado en: La Segunda, miércoles 28 de diciembre de 2016, pág. 16.

2 Ver: VV.AA.: Anales de la Universidad de Chile. Las huellas de un acecho. Santiago: Tinta Azul, Ediciones de la U. de Chile, 2013, pág. 208 y Miranda, E. y Guiñez, N.: “Fernando Ramírez Morales: cuando el macho también es facho”. Disponible en: http://www.eldesconcierto.cl/debates-y-combates/2016/11/05/fernando-ramirez-morales-cuando-el-macho-tambien-es-facho/

3 Muestra de ello son los trabajos: Labradores, peones y proletarios, en particular el capítulo III (Sur, 1985); “La mujer de bajo pueblo en Chile: un bosquejo histórico” (Sur, 1992), Historia Contemporánea de Chile. Volumen IV: Hombría y feminidad (Lom, 2002), Patriarcado mercantil y liberación femenina. 1810-1930 (Sernam, 2010) y el reciente libro publicado junto a María Angélica Illanes, María Stella Toro y Catalina Olea, La Revolución Permanente. Historia Social de las mujeres en Chile (Arteniram, 2015).

4 Véase “La mujer del ‘bajo pueblo’ en Chile. Bosquejo histórico”, en: Proposiciones 21, 1992, p. 107.