El libro 4 de agosto. Testimonios de una revuelta popular publicado por el Núcleo de Historia Social Popular y Autoeducación Popular (siglos XIX – XXI) del Departamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile reúne 40 relatos provenientes de la más importante jornada de protesta ocurrida durante las movilizaciones estudiantiles del 2011. Para Esteban Miranda, editor del libro junto a Daniel Fauré, la publicación constituye un aporte a la memoria popular, significando un puente entre la producción del saber académico y la clase popular organizada.

Conformado en abril de 2016, el Núcleo de Historia Social Popular y Autoeducación Popular surge de la necesidad crear de un espacio dedicado del desarrollo y cultivo de la historia social popular. Nicky Cerón, integrante del equipo de trabajo, explica que la instancia convoca a estudiantes, investigadores y profesores y está interesada en discutir y delimitar la naturaleza y aplicación de una idea: reinstalar a la historia social popular en la universidad.

Cerón explica que el núcleo constituye un espacio dedicado a la investigación, la autoeducación y la extensión, que vincula a estudiantes y académicos, así como trabajadores y pobladores del Chile actual, ocupándose de las luchas sociales que los sectores populares llevan a cabo en la actualidad. En este sentido, el vínculo entre los espacios universitarios y el de organizaciones sociales y populares es muy importante, dándose de manera horizontal y activa.

“El núcleo se propone como una instancia para trabajar desde su posicionamiento en lo existente y desde allí aportar a la transformación de nuestra sociedad, como una instancia articuladora de espacios entre lo político, lo social y lo académico”, explica Cerón.

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Daniel Fauré, editor del libro, señala que el proyecto comenzó a articularse en pasillos, reuniones y en las calles con el objetivo de recordar lo que había sido esa jornada. “Sentimos que como historiadoras e historiadores teníamos que hacer algo. Quizá el primer paso es fortalecer precisamente la memoria social, generar esta olla común de recuerdos que nos permita ir fortaleciendo un relato común”.

Es así como el libro es presentado como el primer paso hacia un archivo abierto que tiene un correlato en el sitio web que se lanzó conjuntamente. En función de ese archivo, el libro es, para sus editores, una ventana que permite una primera lectura que posibilite el surgimiento de unas primeras preguntas. “Como editores, con Esteban, mientras iban llegando los testimonios, se nos iban armando zonas complejas, no resueltas, zonas francamente emocionantes, pero no queríamos ser nosotros quienes hiciéramos ese análisis. Queríamos simplemente poner el archivo a disposición para que en ejercicios colectivos podamos hacer esa reflexión”, cuenta Fauré.

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Esteban Miranda, editor junto a Daniel Fauré, cuenta que ninguno de los testimoniantes se conocía, pero había algo que los conectó ese día. “Algunos incluso se cruzaron una o varias veces en diversos puntos de la ciudad, sin conocerse personalmente, pero reconociéndose como pares. Si pudiéramos cartografiar sus deambulares, veríamos un mapa con múltiples líneas que se entrecruzan en varios momentos del día y que se enredan. Ese movimiento de entrecruzamiento espontáneo fue su principal fuerza para vencer la represión, pero solo es posible observarlo si uno se reúne. Fue precisamente esa idea, ese pretexto, con el que iniciamos este libro”.

Miranda explica que construir un archivo de la memoria popular o del movimiento popular posibilita tanto reunir los relatos dispersos como hilar, a partir de la lectura, un análisis colectivo. “Fue un momento en que varias generaciones, en diversos puntos de la capital y del país, se detuvieron a reflexionar, a conversar, a masticar y a vivir al compás de las cacerolas la memoria popular que, para muchos, excedía con creces dicha jornada. El impacto por vivir, en muchos casos, una movilización general, el impacto por el rumor de los muertos, la lectura optimista que surge de varios relatos respeto de la proyección de movilización e incluso la lectura de algunos grupos que prepararon con anticipación la protesta -el llamado jueves negro- y que nos hace volver a pensar sobre esta supuesta espontaneidad de la protesta, solo tiene sentido si comprendemos todas estas visiones insertas en un proceso mayor, que para nosotros es, por sobre todo, un proceso histórico”.

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(Extraído de: http://www.filosofia.uchile.cl/noticias/124995/nucleo-de-historia-social-y-popular-publica-libro-sobre-el-4-de-agosto)