Mi celular se me había perdido y no tenía alarma, y le dije a mi mamá que me despertara, antes de irse a trabajar. Obviamente no lo hizo, porque a pesar de que estaba de acuerdo con lo que yo estaba haciendo, le daba miedo que los pacos me hicieran daño. “Pal ’73 a los cabritos como tú los agarraban y no volvían”, me decía siempre. Pero nunca tuve miedo”

(Concejero Fech 2011, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile.)

El día anterior había sido uno normal por esas fechas: en el campus Juan Gómez Millas por la mañana, terminando con plenario de la Fech en la Casa Central de la Universidad de Chile. Como era vocero de la Facultad de Filosofía y Humanidades, me tocó bien movido. No fui a la marcha de la mañana. Mi celular se me había perdido y no tenía alarma, y le dije a mi mamá que me despertara, antes de irse a trabajar. Obviamente no lo hizo, porque a pesar de que estaba de acuerdo con lo que yo estaba haciendo, le daba miedo que los pacos me hicieran daño. “Pal ’73 a los cabritos como tú los agarraban y no volvían”, me decía siempre. Pero nunca tuve miedo.

Me quedé pegado viendo todo en la tele, con rabia. Rabia por lo que estaba pasando y rabia por cómo estaba cubriendo todo la prensa. Lo bueno fue que las redes sociales hicieron lo suyo y no pudieron encubrir lo que era evidente. Antes de irme al centro pasé de nuevo a Gómez Millas. Escuché el relato de los compañeros que fueron en la mañana y de lo ‘jalaos’ que estaban los pacos. Estábamos dolidos por los compañeros que estaban detenidos y por los niños que habían golpeado. Pero lo que más nos dolía era que el gobierno se estaba saliendo con la suya, habían logrado su capricho de no dejarnos marchar por la Alameda.

Llegamos a eso de las 7, caminando desde Vicuña Mackenna hacia el centro. Ahí nos dimos cuenta que la gente se estaba apostando en las calles aledañas a la Alameda. Terminamos en Lira con Diagonal Paraguay. Había un piquete por cada calle. Apenas llegamos empezamos a encender barricadas a buena distancia de los piquetes de pacos. Seguían llegando personas y empezaban a sonar las cacerolas. Sin duda lo sentimos como un ruido de guerra, que no se apagaba incluso mientras pasaban los helicópteros, que fueron muchos.

Apenas hicimos un piño grande, tratamos de avanzar hacia la Alameda a punta de piedrazos. Me llamó la atención que la gran mayoría no se tapó la cara, y que casi no hubo molotovs. Alcanzamos a llegar a la Alameda, y no estuvimos más de 5 minutos cuando llegaron Fuerzas Especiales con varias micros, guanacos y zorrillos. Lentamente nos hicieron retroceder, más que nada con el guanaco y con lacrimógenas. Arrancando, nos quedamos encerrados en Marcoleta, frente al hospital de la Universidad Católica. Por el lado de Lira, un Zorrillo, por lado de Portugal, un guanaco. Por un momento pensamos que nos iban a dejar salir porque estábamos justo en la entrada de urgencias. La gente del mismo hospital intentó dialogar con los pacos, pero como siempre, no escucharon. Como era de esperar, pasó el zorrillo tirando polvo por ambos lados: quedamos tapados de una nube blanca. Quedamos literalmente bañados en lacrimógenas. A tientas, casi arrastrándolos, logramos sacar a toda la gente que estaba ahí hasta Portugal. Los que teníamos cuerda aún, tratamos de entrar a FAU (Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile), pero ya estaba cerrada. Nos dimos la vuelta para poder entrar a la Fech por Vicuña Mackenna, y cuando íbamos llegando, una micro se metió por el callejón José Carrasco Tapia. Varios tuvimos que escondernos en los callejones aledaños, esperando que se fuera la micro para poder entrar a resguardarnos. La gente que vivía ahí nos ofreció agua, y alcanzamos a intercambiar unas palabras. Salimos con otro compañero para ver si se había ido la micro. Él se adelantó un poquito, cuando salió la micro de vuelta. Yo me puse a caminar lentito. Se bajó un Fuerza Especial y el compañero salió corriendo. El paco como que tiró a perseguirlo, pero dio dos pasos y paró. Yo seguí caminando lento. El paco me miró, pero se subió de nuevo a la micro. Volví a la Fech y ahí recién pude descansar, compartiendo lo vivido entre risas nerviosas. Después de eso me fui a la casa de mi hermana, bajando por Portugal. Había restos de barricadas en casi todas las esquinas.

El 4 de agosto del 2011 para muchos es símbolo de la capacidad que tiene el pueblo para luchar. No sólo significó un hito para la historia del movimiento estudiantil, sino también nos hizo sentir que íbamos en el camino correcto.