Desde el cielo comenzamos a escuchar el vibrante sonido de las cacerolas. No lo esperábamos. Pero un sonido fuerte, potente, retumbaba en cada uno de nosotros con la convicción de que estábamos en lo correcto. Nosotros, ni estudiantes universitarios, ni estudiantes secundarios que convocaban esta marcha. Nosotros, los nadie, el trecho marginal que trabajaba de día y estudiaba por las tardes con la esperanza de ingresar al mundo universitario. Nosotros, una mezcla de todo lo demás, universitario trabajando de voluntario con una universidad movilizada, secundario de colegio municipal de periferia que no seguía las movilizaciones.”

El 04 de agosto se suspendieron las clases del Preuniversitario, pero de todas maneras nos reunimos porque decidimos ir a marchar. No fuimos muchos los que nos encontramos a las afueras del Liceo Municipal Monseñor Enrique Alvear. En total unos 10 estudiantes del electivo Humanista y dos profesores. Con otro grupo del preu nos encontraríamos en la misma Plaza Italia, para marchar ese jueves por la noche.

El Preuniversitario Popular Víctor Jara funciona a partir de un trabajo voluntario de estudiantes de la Universidad de Chile de distintas facultades, cuya organización depende de estudiantes de Administración Pública. En el año 2011 se establecieron relaciones con la Municipalidad de Pudahuel, quien facilitó las dependencias del Liceo, una colación los sábados y un bus de acercamiento para los niños que venían desde el Noviciado. Asistían niños de distintos lugares de la comuna y algunos también desde Lo Prado y otras comunas aledañas. En total eran seis cursos: tres con electivo humanista y tres científicos. La mayoría de los estudiantes eran quienes cursaban cuarto medio en colegios municipales y que no podían pagar un preuniversitario con precios de mercado. El preuniversitario popular pedía sólo una matrícula inicial de bajo costo, que se podía pagar en cuotas, por lo que facilitaba el acceso a una preparación para la PSU, la prueba de admisión a las universidades que tradicionalmente favorece a quienes provienen de un mejor sector económico. La PSU como herramienta de segregación social se intentaba combatir en esa comuna periférica, a partir de un discurso explícito contra la falta de oportunidades. Eso llamaba también a participar a señoras que buscaban estudiar, estudiantes que no les había gustado una carrera técnica y otros tantos que no habían alcanzado el puntaje que necesitaban para postular a una carrera universitaria.

Ese día hicimos una lista con los nombres y RUT de los que iban a la marcha, tomamos un bus y luego el metro para llegar a encontrarnos con el H3, el curso del profe Jonathan que ya estaba cerca de Plaza Italia, en el sector de Bellas Artes. Pero nunca nos pudimos encontrar, el metro estaba cerrado y nos bajamos muy lejos de nuestro punto de encuentro. Decidimos llegar a Plaza Italia e intentar marchar.

Ese día, por la frustrada marcha de los secundarios en la mañana, estábamos preparados para enfrentar las dificultades que se avecinaban. Llevamos limones para combatir las secuelas de las lacrimógenas, el Luis llevó una máscara antigases y el Diego llevó su cámara para grabar todo lo que sucedía. Todo indicaba que ese día iba a pasar algo y que había un clima un tanto hostil.

Intentamos llegar a Plaza Italia, pero la cantidad de gas lacrimógeno impedía nuestra marcha, llorábamos y algunos se empezaron a quedar atrás hasta que llegamos a Vicuña Mackenna y vimos cómo unos carabineros rociaban spray en la cara de una niña y su papá que intentaban llegar a su edificio. Después de eso, y de ver la gran cantidad de carabineros que custodiaban la Plaza Italia, decidimos devolvernos, hasta que nos encontramos todos juntos de nuevo. Todo era un caos, los carabineros estaban en todas las esquinas y nosotros no sabíamos dónde dirigirnos. Uno de ellos nos indicó que nos dirigiéramos hacia la calle Ramón Corvalán, y al rato nos dimos cuenta que un piquete de Fuerzas Especiales salió rápidamente desde una esquina para llevarse a varios transeúntes detenidos.

Hasta ese momento no habíamos visto ni panfletos, ni lienzos, ni grupos de gente organizados. Todos éramos peatones desorientados que no teníamos muy claro por dónde y hacia dónde caminar, afectados por los gases lacrimógenos y comiendo limones sin parar. Decidimos ir hacia Portugal, a la FAU de la Universidad de Chile, con la esperanza de encontrar un lugar más seguro. Caminamos por la vereda norte de la Alameda y nos instalamos detrás de los paraderos de micros cada vez que pasaba un guanaco o un zorrillo para protegernos. Cruzamos a la vereda sur y, en ese momento, comenzaron a tirar lacrimógenas, por lo que nos pusimos a correr por el miedo de que nos llegara una de sus bombas en la cabeza. Llegamos al Metro Universidad Católica. Ahí nos instalamos un momento. Descansamos sentados en las bancas a las orillas de los edificios, hasta que nos llegó agua lanzada desde alguno de los departamentos que nos coronaban.

La frustración que nos embargaba por no poder encontrarnos con nuestros compañeros del Preu que estaban arrinconados en algún lugar del sector norte de la Alameda, no haber podido llegar a Plaza Italia y ahora encontrarnos con la incomprensión de las mismas personas a través del chorro de agua que llegó de las alturas, nos desconcertó.

Caminamos a la calle Portugal donde se preparaba una barricada con señaléticas viales y los restos de la caseta de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Santiago. Esa contención nos dio la libertad de poder caminar por la calle hacia el sur hasta llegar a Diagonal Paraguay, donde una batucada contagiaba de música y baile a un gran grupo de gente que estábamos en esa esquina. Bailamos y gritamos consignas hasta que llegó un bus de FF.EE. Ese fue el punto final de la batucada. La gente se disolvió y nosotros caminamos hacia el sur, con la meta de llegar hasta Matta, pero lo rápido de nuestra partida separó a nuestro grupo, por lo que unas cuadras después nos intentamos contactar por celular con los demás hasta reunirnos como grupo de nuevo. Sentados en la cuneta, cansados y esperando a reunirnos, escuchamos el sonido más hermoso de esa jornada.

Desde el cielo comenzamos a escuchar el vibrante sonido de las cacerolas. No lo esperábamos. Pero un sonido fuerte, potente, retumbaba en cada uno de nosotros con la convicción de que estábamos en lo correcto. Nosotros, ni estudiantes universitarios, ni estudiantes secundarios que convocaban esta marcha. Nosotros, los nadie, el trecho marginal que trabajaba de día y estudiaba por las tardes con la esperanza de ingresar al mundo universitario. Nosotros, una mezcla de todo lo demás, universitario trabajando de voluntario con una universidad movilizada, secundario de colegio municipal de periferia que no seguía las movilizaciones. Nosotros debíamos estar ahí. Por nuestro futuro, contra nuestras futuras deudas y por la necesidad de eliminar la segregación de la PSU. El arma que estaba amenazándonos durante todo el año.

La Sede Pudahuel fue como una familia, los tutores trabajaron a la par de los administrativos y que los estudiantes. Se generó un vínculo tanto político como personal. En las clases se dio la libertad de decir lo que pensamos y nos dimos cuenta que teníamos convicciones en común. No sólo se enseñaban cosas relacionadas con la PSU, se mostraban videos de hechos que sucedían en otras partes del mundo y las comentábamos. Teníamos ganas de hacer cosas no sólo desde el enfoque de la PSU: nos cuestionábamos, pensábamos. Nos educábamos de manera crítica. Los tutores demostraban su convicción de enseñar y esa convicción nos demostraba que nosotros también queríamos cumplir nuestro rol. El Preu se transformó en el alimento de un círculo más político. Y también nos hicimos amigos. Así fue como la marcha del 04 de agosto fue la primera marcha en la que participamos, pero no la última. Nos hicimos un lienzo, y luego otro más grande. Fuimos a la ‘marcha de los paraguas’, a la ‘marcha Familiar’, y a tantas otras. Queríamos hacer algo por lo que nos sucedía y lo que nos iba a suceder.

El 04 de agosto, para nosotros, fue el clímax del movimiento estudiantil. Al finalizar la jornada, caminamos hacia Matta rodeados del sonido de las cacerolas y a las nueve llegamos al Metro Irarrázaval. Mientras caminábamos, los autos nos mostraban su apoyo con sus bocinas, nosotros gritábamos nuestras consignas. Estábamos cansados y felices.

Hoy nos reunimos a ver la grabación de ese día. Para algunos, el 04 de agosto fue su primera marcha y el inicio de una vida ligada a las manifestaciones y a la conciencia política. Sin embargo, ese día no nos entregó ninguna solución, ni tampoco el movimiento estudiantil que siguió: algunos no recibieron ningún crédito para estudiar, otros no alcanzaron los puntajes para la carrera que querían, los demás están endeudados por más de 10 millones por su estudio universitario. No se han eliminado las brechas sociales en la educación y seguimos siendo los marginados. Seguimos siendo Nadie.

25 de junio, 2016.